Noviembre de 2020 / año I / números 5-6-7-8-9-10

El semestre
COVID

J. Domínguez

La planeación de un docente es un boceto o estructura general del desarrollo académico del semestre y ésta se termina de construir cuando conocemos a cada grupo, salón, horario y las actividades del plantel. Habitualmente, las modificaciones que hacemos sobre dicha planeación nos permiten adaptarnos mejor al grupo, o al revés, y así lograr nuestros objetivos. Para el tercer corte, normalmente, se conoce cabalmente el grupo, sabemos cómo atraer su atención, qué actividades modificar y cuáles elaborar como se han planeado, es más, ya proyectamos las actividades de recuperación y, quizás, cuantos alumnos podrían estar en ellas.

Este semestre no fue como los demás. En el sin fin de actividades, hábitos y conductas a las que llamamos buenas prácticas docentes, tenemos que poner énfasis en la adaptación y, sobre todo, a la resiliencia de cada docente.

No solo a mí, también a muchos de mis compañeros docentes, nos tomó por sorpresa, más que el confinamiento en sí, el hecho de que no regresaríamos este semestre al plantel. Recuerdo escuchar a compañeros decir que habían dejado trabajo a sus grupos el cual revisarían al regresar de semana Santa pero no había manera de contactar a los alumnos; en una semana ofrecimos tareas para avanzar en casa esperando regresar pronto. Sin duda, tardamos en entender que el mundo estaba cambiando rápidamente y que necesitábamos adaptarnos a la misma velocidad para entrar y dominar espacios que nos eran ajenos.

En el salón, cada docente es un experto que, con sus habilidades, conocimientos y experiencias personales, sabe cómo dirigir un grupo, cómo llamar la atención de cuarenta y cinco alumnos o más durante al menos una hora, revisar trabajos, dirigir participaciones, debates y, hasta, evitar conflictos y canalizar a orientación o servicios médicos a quienes así lo requieren. La gran mayoría, aún en el sistema abierto, somos docentes presenciales; en casa, con nuestras familias y amigos, somos nosotros mismos, humanos como todos y tenemos nuestro espacio para relajarnos, un refugio del estresante arte de enseñar

Sin embargo, en este semestre pasamos, en tiempo récord, de enseñar de forma presencial a enseñar a distancia, tuvimos que cambiar el formato manteniendo los mismos objetivos en menos de un mes. Como maestros, sabemos que debemos adaptarnos, que debemos correr al ritmo de las generaciones y las TICs, pero, como personas, como humanos en condiciones de ansiedad y preocupación, qué increíble ha sido este semestre para demostrarnos los retos de la educación del futuro y las desigualdades de nuestra población.

Como si fuéramos nativos de ellas, en poco tiempo dominamos (al menos para sacar adelante la materia) aplicaciones y plataformas de enseñanza, formas de edición de video y cientos de correos electrónicos, sin embargo, éstas no son la base de nuestra clase.

Como docentes, jamás sustituiremos la interacción directa de la relación enseñanza-aprendizaje. Esa dinámica tiene que cambiar y tendremos que refinar los contactos, dinámicas y comunicación con los alumnos, generar comunidades virtuales y no sólo intercambio de correos. Será algo que nos lleve tiempo, paciencia y pasión por la enseñanza.

Qué increíble capacidad de adaptarnos, pero también, quiero dar reconocimiento a nuestra gran resiliencia. Nuestra forma de salir adelante como maestros y maestras, a pesar de ser humanos y vivir una pandemia, viendo cada noche los números de contagios crecer, saber de las pérdidas de amigos, familiares y compañeros, a pesar del aislamiento, de la ansiedad, el cansancio sofocante producto del estrés que nos lleva a tardar el doble en concentrarnos y ser productivos, de ser creativos, a pesar de todo ello, nuestra casa y nuestros dispositivos se volvieron el aula y un conjunto de fotografías, “perfiles” o correos, nuestros alumnos; los horarios de la clase cambiaron, los horarios de trabajo y de casa fueron otros, y nos adaptamos y seguimos adelante.

Gracias a la interacción con los alumnos logré notar que la comunidad de aprendizaje sigue ahí, a la distancia. Que ha sobrevivido a las dificultades de conexión, a las dificultades familiares, económicas y rezagos educativos; los grupos que vi por última vez hace 9 meses están ahí y aunque no pudimos hacer las dinámicas y reflexiones juntos que había planeado, aun con menos interacción, están ahí en cada correo, en cada foto de su cuaderno con el apunte, en cada mensaje preguntando fecha de entrega. Hemos sobrevivido y sacado de este confinamiento lo que hemos podido.

Sin saber demasiado sobre el contexto de mis colegas, ni el de mis alumnos, quiero (como un acto de buena fe, esperanza o ciego optimismo) asegurar que hemos cambiado, que el futuro nos depara nuevas formas de interacción bajo las restricciones de nuestra población y su acceso a la conectividad, que estamos dispuestos como docentes a aprender y, sobre todo, a ser más comprensivos unos con otros. Si nosotros, docentes, hemos resistido y aprendido, estoy seguro de que también los estudiantes lo han hecho, porque sólo así estaremos listos para avanzar.

Autor
Colegio de Bachilleres
Fecha de publicación
Noviembre de 2020
Calendario escolar
2020-2021
Gaceta en línea
Números 5-6-7-8-9
Trabajo en línea y a distancia
Gaceta en línea

Números 5-6-7-8-9

Septiembre 2020

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