Año II / número 16 / mayo de 2021
Letras y voces

Letras y voces


Omar Navarro

“Es vivir la soledad más sola”, eso ha significado el confinamiento para algunas personas durante la pandemia. Pero hay muchas otras maneras, más o menos dramáticas, para expresar la experiencia de esperar tras la puerta durante meses a que se nos permita salir y seguir encontrando razones (trascendentes o superfluas) que nos motiven a seguir nuestra vida.

Mujeres, hombres, adultos, adolescencias, niñas, niños, ancianos, cada experiencia ha sido diferente, pero igualmente nos hemos enfrentado al cambio, a la necesidad de adaptarnos. En ese proceso de frenar un poco para hacernos un nuevo espacio, hemos logrado ver situaciones que el vértigo de la vida moderna mantiene ocultas, ignoradas o simplemente que nos resultan indiferentes.

El confinamiento sanitario ha hecho evidentes otros encierros, otras maneras de reclusión. No sabemos en qué consistirá la nueva normalidad. Pero haber ido hacia adentro, nos permitió notar que la anterior normalidad implica violencia (doméstica y pública), desigualdad, inequidad, indiferencia, abusos, agresiones; por ello, no creo que debamos llamarla nueva normalidad, porque de seguir así, es una inaceptable normalidad.

De lo nuevo se dirá algo al final. Pero tengamos presente que lo normal es lo común, lo que pasa de forma regular, no lo más benéfico ni adecuado. Lo normal es lo de siempre, lo de costumbre, no lo más constructivo ni lo más conveniente, mucho menos lo correcto. Lo normal es cantidad, no cualidad.

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No se trata aquí, de determinar criterios de moralidad, se trata de señalar hechos, se trata de llamar la atención sobre si propiciamos, afectamos o ignoramos condiciones materiales mínimas de sobrevivencia y bienestar, propias y extrañas. La salud física-emocional, es la base, requisito necesario de la vida, a priori de cualquier moral.

Desde antes del 2020, los otros encierros, los normales, han permanecido en silencio o simplemente ignorados, confundidos con los ruidos de la vida cotidiana. El encierro de aquella persona que es agredida en casa; de aquella que no tiene atención médica; de aquella anciana que no tiene compañía; de aquél adolescente que no sabe cómo superar su soledad y depresión; de aquéllas parejas que se tuvieron que encerrar con una persona desconocida porque descubrieron que no saben comunicarse y por lo tanto, no se conocen; el encierro de niñas y niños que reciben de una pantalla conectada a internet su único reconocimiento; y por supuesto, para todas y todos, el encierro de lo que sentimos y pensamos que se ha tenido que quedar guardado porque no hay tiempo para ser escuchado o porque nadie nos enseñó a externarlo.

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Esos encierros también enferman y tristemente, se vuelven crónicos.

Insistiendo, la salud, antes de ser un valor, es un requisito. Ahora nos ha quedado claro que mantenerla es un proceso comunitario, que contagiarnos resulta un acontecimiento simple, que aunque se supere deja huella, y sobre todo, que la fatalidad es inesperada.

Conforme regresemos a lo cotidiano, iremos readaptándonos a la normalidad, pero sin olvidar el gran confinamiento de 2020-21. Lo peligroso será que nos olvidemos de los otros confinamientos. Así que, quedan sobre la mesa muchos temas pendientes, junto con la alternativa de hacerlos visibles y la invitación a sacarlos del encierro. Tendremos la posibilidad de hacer de esos otros confinamientos algo anormal.

No es necesario ni posible influir en todo el mundo. Pero superemos un encierro a la vez, escuchemos, acompañemos, reconozcamos, apreciemos, uno a la vez. Basta con contagiar profundamente de anormalidad a una sola persona para multiplicar, en este caso, algo saludable. No esperemos al confinamiento de nuestras propias enfermedades para actuar con empatía y solidaridad con quienes ya lo experimentan.

Quizá si decidimos ver lo que no veíamos, escuchar a quienes no escuchábamos, acompañar a quienes no acompañábamos, entonces sí podremos hablar de algo diferente. Aunque reconozcamos que, en tanto individuos, todo sigue igual, que seguimos siendo frágiles ante las enfermedades, que seguimos sin tener el control absoluto, que seguimos siendo vulnerables. Algo diferente es que ahora, tenemos evidencia de nuestra capacidad de adaptarnos, esforzarnos y responder afirmativamente si es necesario para apoyar a quien lo requiera. Entonces, tengamos claro que no habrá nada nuevo, si nuestra mayor expectativa sólo es regresar a la normalidad.

Autor
Colegio de Bachilleres
Fecha de publicación
mayo de 2021
Calendario escolar
2020-2021
Gaceta en línea
Número 16
Número 16 mayo 2021
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Número 16

mayo 2021

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