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Letras y voces

Letras y voces

Marco Antonio Fernández Nava

Los vencedores escriben la historia, pero los vencidos la narran.
Ricardo Piglia

“Y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblaciones, y aquella calzada tan derecha y por nivel como iba a México, nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y cúes (pirámides) y edificios que tenían dentro en el agua, y todos de calicanto”, así describe Bernal Díaz del Castillo el trayecto a Tenochtitlan. Ciudad de 300 mil habitantes, 15.3 kilómetros cuadrados de superficie, por sus canales surcaban, aproximadamente, 50 mil embarcaciones; algunas construcciones eran de tezontle y otras de adobe o madera y paja. En el centro de la ciudad estaba el espacio ceremonial en el que sobresalía el Templo Mayor, más allá los santuarios de Huitzilopochtli y Tláloc, dioses de la guerra y de la lluvia, respectivamente. Cabeza de un imperio fundado en 1428, formó la alianza tripartita junto con Texcoco y Tlacopan e inició su expansión. Dominó la cuenca de México y se extendió desde la costa del golfo de México hasta el Pacífico. A esta orilla desembarcó, el 8 de noviembre de 1519, el capitán Hernán Cortés y sus soldados. Y dos años después, el 13 de agosto de 1521, esta gran ciudad cae conquistada a golpes de espada, ballestas, arcabuces, cañones, caballos y feroces mastines.

tenoctitlan 1520

De familia honrada, hijo de Martín Cortés y de Catalina Pizarro Altamirano, Hernán Cortés nace en 1485. A pesar de estar constantemente enfermo por las secuelas de la peste bubónica, hace carrera militar. Lucha contra los musulmanes en tierras extremeñas. A los 19 años, llega a Santo Domingo y, gracias a sus anhelos de grandeza, se traslada a Cuba donde queda bajo las órdenes del gobernador Diego Velázquez. Parte de La Habana a Yucatán, el 8 de febrero de 1521, con 11 navíos y 500 soldados, cargado con diez cañones de bronce, cuatro falconetes, 13 arcabuces y 32 ballesteros. A decir de Bernal Díaz del Castillo, será nombrado como “Alejandro en Macedonia, y entre los romanos Julio César y Pompeyo y Escipión y entre los cartagineses Aníbal, y en nuestra Castilla a Gonzalo Hernández, el Gran Capitán”. El 12 de marzo de 1519, en tierras tabasqueñas, lee el requerimiento redactado por Juan López de Palacios Rubios a los indígenas, quienes responden con flechas al no entender. Empieza la batalla y nace Hernán Cortés: “yo conquisto, yo esclavizo, yo venzo”.

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El ego conquiro no empezó, ciertamente, con Hernán Cortés. Viene de la conquista de Al-Andalus por parte de la Monarquía Española Medieval. Los métodos de colonización y dominación usados contra Al-Andalus se extrapolaron a Tenochtitlan, por eso no es nada raro que Hernán Cortés confundiera con mezquitas los templos sagrados de los aztecas. Y así como allá obligaron a judíos y musulmanes a convertirse al cristianismo, aquí, los indígenas serían evangelizados y castellanizados. Cortés destruirá ídolos y levantará otros altares: “Les dijo que si habían de ser nuestros hermanos que quitasen de aquella casa aquellos ídolos, que eran muy malos y les hacían errar, y que no eran dioses, sino cosas malas, y que les llevarían al infierno sus ánimas […] Y luego Cortés mandó que los despedazásemos y echásemos a rodar unas gradas abajo, y así se hizo. Y luego mandó traer mucha cal […] e hizo un altar muy limpio donde pusimos la imagen de Nuestra Señora". Al referirse Cortés a los indígenas como sujetos sin religión verdadera, los saca, inmediatamente, de la categoría de lo humano y el ego conquiro nace, se manifiesta y se consolida a partir de la caída de Tenochtitlan.

Es 8 de noviembre de 1519. El Capitán Hernán Cortés y sus hombres entran a Tenochtitlan. El asombro es mutuo. Unos y otros quedan maravillados. Unos con la ciudad y esas “cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís”; otros, por verlos montados en caballos y acompañados de feroces mastines. Cortés decide secuestrar a Moctezuma, Huey Tlatoani, con el pretexto de la muerte de varios españoles a manos de Cuauhpopoca. Cortés le ordena a Moctezuma que convoque a todos los señores de la Triple Alianza para que se declaren vasallos del rey de Castilla, Carlos V. Así, Cortés establece sobre el imperio azteca un protectorado desde el 14 de noviembre de 1519 hasta fines de junio de 1520. Moctezuma continúa siendo autoridad, pero es una autoridad sometida que acepta a la Corona española y a su representante, Cortés. Pueblos de la Triple Alianza se adhieren a los españoles y forman la alianza antiazteca.

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Tenochtitlan celebra a sus dioses Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Los tenochcas bailan durante días. Al mando de la ciudad queda Pedro de Alvarado, quien recibe rumores de que en el recinto del Templo Mayor se está fraguando un ataque contra los españoles. Se dirige hacia allá con 80 soldados y a su orden cargan contra los danzantes. Matan a muchos. Inicia la batalla. Cortés regresa al mando de 1 400 soldados, cañones y 7 mil indígenas de Tlaxcala, Huejotzingo y Cholula. Ante la inminente derrota, De Alvarado decide huir por la calzada de Tlacopan. Ese día llora. Ellos le llaman la noche triste.

El 22 de mayo de 1521, 700 españoles y 100 mil indígenas sitian Tenochtitlan. Sus habitantes sufren viruela, hambre y falta de agua potable. La batalla lleva ochenta y tres días con sus noches. Todos defienden la ciudad quizá siguiendo el ejemplo de su Tlatoani Cuauhtémoc, de 25 años. Sin embargo, Tenochtitlan cae el 13 de agosto de 1521. Cortés quiere oro. Lanza sus perros a los indígenas, los ahorca y otros son quemados vivos. Reparte encomiendas, evangeliza y adoctrina.

Llamémosle, entonces, sin temor a equivocarnos, Conquista de Tenochtitlan a este proceso iniciado el 8 de noviembre de 1519 y culminado el 13 de agosto de 1521. ¿Y por qué conquista?

Enrique Semo

contesta:

“1) La conquista es un acto militar y político violento por medio del cual se obtiene el dominio y control sobre uno o varios pueblos que eran soberanos.

2) Es el periodo fundacional de nuevas relaciones económicas propias de una colonia del capitalismo temprano, totalmente diferente a las que existían en la época prehispánica. En ellas los españoles son los favorecidos y los indígenas, los explotados.

3) La creación de condiciones para los procesos de evangelización y adoctrinamiento en el modo de vida cristiano español”.

Sin embargo, este proceso va más allá de las tres metas de los conquistadores: señorear, enriquecerse e imponer su religión. Ciertamente, la Colonia terminó en 1821 con la independencia de México; no obstante, esa estructura colonial produjo discriminaciones sociales codificadas como raciales, étnicas o nacionales. La colonialidad es un patrón de poder que configura nuevas identidades sociales y una dominación basada en la raza, clase, sexualidad y género. Esta clasificación es la expresión más profunda y duradera de la dominación colonial. Y en nuestro caso, inició con la conquista de Tenochtitlan y pervive hasta el día de hoy.

Fuentes consultadas

Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Porrúa, México, 2013.
Enrique Dussel, 1492. El encubrimiento del Otro, Plural editores, La Paz, 1994.
Enrique Semo, 500 años de la batalla por México-Tenochtitlan, Ítaca, México, 2021.
Pedro Salmerón Sanginés, La batalla por Tenochtitlan, Fondo de Cultura Económica, México, 2021.

Autor
Colegio de Bachilleres
Fecha de publicación
agosto de 2021
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